Resonancias




RESONANCIAS DEL CUIDADO  

Resonancia

 Desde el punto de vista físico, es el resultado de la coincidencia de dos frecuencias de energía que coinciden en amplitud y longitud. Es decir, cuando un objeto empieza a vibrar por la influencia de otro, decimos que han entrado en resonancia.

La física cuántica, según (Klein, 2003) se ocupa del estudio de los cuerpo más pequeños (en torno a mil átomos) cuerpos que no podemos ver a simple vista. Las ondas se distinguen de los corpúsculos, de esta manera, las ondas transmiten energía e información, fundamentos que se aplican a la salud. Desde el punto de vista psicológico, es cuando la persona hace uso de la inteligencia emocional e influencia de manera motivadora en las personas o colegas que están cerca.




La física cuántica se aplica al campo de la salud y particularmente en la enfermería en el “toque terapéutico” y en el cuidado mismo, porque en él hay intercambio de energía entre el cuidador y el ser cuidado (entre la enfermera y el paciente) sobre todo cuando éste se realiza con un enfoque holístico. El toque es la sensación de transferencia de algo del interior de un ser para otro ser, es parte de la corporeidad humana, que traduce vivacidad consistencia en su movimiento, que vibra, que toca que es vida, Boff (2004).


Según Boff (2004) el cuidado sobre pasa toda existencia humana y posee resonancias en diversas actitudes importantes a través de las dimensiones de cielo (trascendencia) y las dimensiones de tierra (inmanencia) buscan su equilibrio y coexistencia. Se realiza también en el reino de los seres vivos, pues toda vida necesita de cuidado de lo contrario enferma y muere. El cuidado acompañado de sus resonancias es el artesano de nuestra humanidad. De tal manera  que el cuidado produce resonancias tales como el amor como fenómeno bilógico, la justa medida, la ternura vital, la caricia esencial, la cordialidad fundamental, la convivencia necesaria y la compasión radical entre otros.



El amor como fenómeno bilógico

 

Maturana (2009), sostiene que el amor es una condición dinámica, espontanea de aceptación de un sistema vivo y que tal amor es un fenómeno biológico que no requiere justificación: el amor es un encaje dinámico, recíproco, espontaneo, un acontecimiento que se da o que no se da. Como un encaje dinámico recíproco, si el amor ocurre hay socialización; así no se da, no hay socialización; el amor es la expresión de una congruencia estructural y espontanea.


Cuando uno acoge al otro realiza una coexistencia y surge el amor como fenómeno biológico; él tiende a expandirse y a ganar formas más complejas, una de esas formas es la humana. Ella es espontanea como en los demás seres vivos, es echa como un proyecto de libertad que acoge conscientemente al otro y crea condiciones para que el amor se instaure como el más alto valor de la vida. Esta manera surge el amor ampliado que es la socialización.


Según Boff (2004) el amor es un fenómeno cósmico y biológico, al llegar al nivel humano se revela como una gran fuerza de agregación y simpatía y de solidaridad. Las personas se unen y se recrean por el lenguaje amoroso. Un sentimiento de pertenencia a un mismo destino en la misma caminata histórica. Sin el cuidado esencial el encaje del amor no ocurre, no se conserva, no se expande ni permite la unión entre los seres.

Es decir, que el amor es el fundamento del fenómeno social y no la consecuencia del y las interacciones persiste mientras persiste el amor. El amor es la fuente de la socialización humana y no el resultado de ella, y es así que cuando se destruye la socialización se destruye el amor
 
La ternura vital


La ternura vital es sinónimo de cuidado esencial, la ternura es el afecto que prodigamos a personas y el cuidado que aplicamos a situaciones existenciales. Es un conocimiento que va más allá de la razón pues se muestra como inteligencia que intuye, ve a fondo y establece comunicación (Boff, 2004).


La ternura es el cuidado sin obsesión: incluye también el trabajo, no como mera producción utilitaria más como obra que expresa la creatividad y la autorrealización de la persona. Ella no es la renuncia del rigor ni del conocimiento, es un afecto que a su manera también conoce. En verdad sólo conocemos bien cuando nos nutrimos de afecto y nos sentimos envueltos con aquello que queremos conocer. La ternura puede y debe convivir con el extremo empeño por una causa.


La ternura emerge del propio acto de existir en el mundo con los otros, es decir, que coexistimos, convivimos y comulgamos con las realidades más inmediatas, sentimos nuestra relación fundamental como la totalidad del mundo, ese sentimiento es más que una emoción psicológica, es un modo de ser existencial que sobre pasa todo ser.
 

Al contrario, la ternura irrumpe cuando el sujeto se descentra de sí mismo y sale en la dirección del otro, siente al otro como otro igual, participa de su existencia y se deja tocar por su historia de vida. La relación de ternura no envuelve angustia porque es libre de la búsqueda de ventajas y de dominación. En enternecimiento es la fuerza propia del corazón, es el deseo profundo de compartir caminos. La angustia del otro es mi angustia, su suceso es mi suceso y su salvación o perdición es mi salvación o perdición, no sólo la mía sino también de todos los seres humanos (Boff, 2014).

La ternura es una manifestación indispensable en la prestación del cuidado y puede manifestarse por una mirada, un toque, el tono de voz, una palabra, ella hará que el ser cuidado se sienta comprendido, apoyado, protegido y querido, ayudándolo a potencializar su energía en el logro de su sanación.
 

La caricia esencial

Boff (2004) la caricia constituye una de las expresiones máximas del cuidado decimos caricia esencial, porque queremos distinguirla de la caricia como la pura excitación psicológica en función de querer a otro, esta es fugaz y sin historia.


La caricia es esencial cuando se transforma en una actitud, en un modo de ser que califica a la persona en su totalidad, tanto en su aspecto psíquico como en el pensamiento, en la voluntad y en todas las relaciones que establece.
 

El órgano de la caricia es fundamentalmente la mano: la mano que toca, la mano que calma, la mano que establece relación, la mano que calienta, la mano que trae quietud. Mas la mano no es simplemente ello, es la persona humana que a través de la mano revela un modo de ser cariñoso, acaricia, toca, toca lo profundo del ser humano, allá donde se sitúa el centro de la persona (Boff, 2004). Cuando tocamos al otro, hay un intercambio de energía transmitiendo el deseo de proporcionar bienestar, aproximación, tranquilidad, serenidad y paz. Al tocar al otro nos aproximamos y  exteriorizamos nuestra comunicación. Es con este movimiento que queremos alcanzar algo que es valioso para el ser humano.


El toque es un movimiento de aproximación o de alejamiento. El contacto es una forma de comunicación no verbal, que establece interacción  con el otro creando un mundo intersubjetivo, realizamos varios tipos de intercambios: afecto, cultura, energía y sentimientos. Compartimos un lenguaje de silencio, estar con el otro ser simpático con su momento de vida hace parte del proceso de comprensión, que el contacto puede proporcionar dentro del momento de cuidar. Los seres envueltos en el cuidado traen consigo varios tipos de toque y que se manifiestan en el momento de cuidar. Implica relación intercambios, presencia, aproximación, sensación, mirar, oir, reciprocidad, afecto, cariño, empatía, intensión, imaginación, intuición, en la búsqueda de la armonía en el acto de cuidar.
 

Para que la caricia sea verdaderamente esencial precisamos calmar el yo profundo y no apenas el ego superficial de la conciencia. La caricia que nace del centro del interior de la persona confiere reposo, integración y confianza. De ahí el sentido de calma al acariciar una criatura o una persona. Como la ternura, la caricia exige total altruismo, respeto por el otro y renuncia a cualquier otra intensión que no sea de la experiencia de querer bien y de amar.
 

El afecto no existe sin caricia, ternura y cuidado, así como la estrella precisa de aura para brillar así el afecto precisa de caricia para sobrevivir.

El toque es la sensación de transferencia de algo del interior de un ser para otro ser es parte de la corporeidad humana, que traduce vivacidad consistencia en su movimiento, que vibra, que toca que es vida, Boff (2004).


El contacto físico es la realización de un movimiento armonioso tierno y suave que transfiere dinamismo puro de un cuerpo para otro. También se puede tocar con la mirada, ya que mirar con intensidad, como toque permite la comunicación no verbal y el intercambio de afecto. En el cuidado miramos para comunicarnos, para conocer al otro cuando nos presentamos al otro y miramos a sus ojos, iniciamos una relación con el ser que vamos a cuidar a través de la mirada.

El uso de la mirada también es fundamental para observar las condiciones físicas del ser, es la base para la observación del cliente observamos sus condiciones de hidratación, su lenguaje corporal, vemos si su cuerpo está en sintonía con el sonido de su voz, entre otras. También cuando estamos junto al paciente sentimos sus olores y el siente los nuestros.
 

En el cuidar es necesario escuchar lo que el otro quiere decir, la audición nos permite oír las palabras, los murmullos, gemidos, risas, llantos y suspiros. Asociando la audición con la mirada podemos comprender mejor al ser cuidado.
 

La cordialidad fundamental
 

Boff (2004) la justa medida, la ternura vital, la caricia esencia y la cordialidad fundamentada son cualidades existenciales, es decir, son formas de estructuración del ser humano en aquello que lo hace humano.


Cuando hablamos de cordialidad como resonancia del cuidado pensamos en otra dirección, vemos el corazón como una dimensión del espíritu de fineza, como capacidad de captar la dimensión del valor de las personas y las cosas. Lo decisivo no son los actos sino la intensión.

Es propio del corazón captar la dimisión axiológica, valorativa del ser en su totalidad, en sus manifestaciones y en los entes concretos. Cordialidad significativa entonces un modo de ser que descubre un corazón palpitando en cada cosa, en cada piedra, en cada estrella y en cada persona. La cordialidad supone la capacidad de sentir el corazón del otro y el corazón secreto de todas las cosas, la persona cordial ausculta, pega el oído a la realidad, presta atención y pone cuidado en todas las cosas. La cordialidad es un atributo indispensable en el cuidar, facilita la relación entre el cuidador y el ser cuidado y familia potencializa la confianza mutua y fortalece la autoestima de la persona cuidada e infunde seguridad y confianza.


La compasión.


La compasión, según Boff (2004), no es un sentimiento menor de piedad para con quien sufre, no es pasiva, es altamente activa. Compasión desde el punto de vista de la filosofía latina, la palabra sugiere la capacidad de compartir la pasión del otro y con el otro.
 

La práctica de las resonancias del cuidado que Boff (2004) propone es  humanizar el cuidado y que es indispensable concretizarlas en el proceso de cuidar. La enfermera para producir resonancia en el proceso de cuidar requiere tener sensibilidad, actuar o representar, inspirar confianza y tener capacidad de relacionarse.
 
Se considera que los servicios de enfermería no pueden esperar a que la formación de las enfermeras cambien positivamente y sean las nuevas generaciones las que implementen el cambio, los servicios tienen que hacerlo y puedan hacerlo, la práctica de enfermería es fuente de aprendizaje siempre y cuando se organicen los profesionales, piensen y repiensen su práctica y la mejoren o cambien en base a los fundamentos teóricos del cuidado, se mantengan actualizadas, investiguen sobre nuevas formas de cuidar, cuidar más humanizadamente; sólo así lograremos salud y bienestar para todos los seres humanos.
 

Estudiar y poner en práctica las resonancias del cuidado requieren no solo que la enfermera piense sino que sienta, actué y se comprometa con el cuidado que es la esencia de su práctica.
 

La práctica del amor, caricia, ternura, compasión y cordialidad son de carácter existencia, es decir que forman parte de la estructura de la persona, por ello esto no se pretende, en un curso o discurso, tiene que hacer vivencias que reestructuren la personalidad, por eso la educación permanente es una buena estrategia para que las enfermeras modifiquen su comportamiento profesional y personal, es el análisis cotidiano de su practica el levantamiento y solución de hipótesis diarias que lo va a llevar a modificar particularmente su que hacer, no solo de ella sino de todo el equipo de enfermería, a fin de que los usuarios de sus servicios lo perciban.
 

El amor la caricia y la ternura, generalmente, se dan como un rodo y entre estrellas se produce una sinergia que es superior a la suma de sus partes, pero no todas las personas pueden demostrar estos sentimientos, sino lo han vivido a lo largo de su vida, entonces requieren aprender o reaprender y la práctica consciente voluntaria y critica es una buena maestra.


Igualmente, la compasión que muchas veces tienen que empezar desestructurado el concepto de piedad en un concepto altamente activo de sentir como el otro y tener la firme voluntad de ayudarlo a salir de su dolor o problema. La cordialidad va ligado al espíritu de fineza, el buen trato, aquí muchas veces será necesario el refinamiento de la enfermera en su trato, tanto en sus manifestaciones verbales como no verbales.


A veces es necesario hacer  talleres para discutir y aprender a sentir. Como todo aprendizaje, todo esto requiere que las enfermeras tengan que partir de reconocer que hace falta aprender y luego estar motivadas para hacerlo, el análisis a la luz de un buen marco teórico (estudio de investigaciones pertinentes) puede convencernos que nos hace falta actualizarnos, aprender para cambiar y la motivación estará dada por una buena supervisión en base a indicadores relacionados a las resonancias del cuidado y aun buen sistema de incentivos que ayuden al ascenso y otros logros profesionales.

  

 

Espino, S., Gómez, M. (2013). Enfermería y sus resonancias. Universidad Nacional de Trujillo. Perú. P. 72-81





























Comentarios